Celebran los 455 años de El Tornaviaje: El Encuentro de Tres Continentes

Durante más de cuatro décadas ningún marino logró atrapar los vientos y corrientes del pacífico. No lo conseguirían hasta 1565, año en el cual un miembro de la expedición de Miguel López de Legazpi, el navegante y monje agustino Andrés de Urdaneta, intentó una ruta diferente que les llevó a las Islas Filipinas.

 

Por Marco Antonio Guízar Reyes

 

BARRA DE NAVIDAD, Jalisco. [ABC/Noviembre 23/2019].- México y Filipinas conmemoraron el aniversario 455 de la hazaña marina que zarpó de la bahía de Barra de Navidad, que permitió establecer una nueva ruta comercial que perduró por 250 años, en época de la corona española.

Teniendo como escenario el Malecón Panorámico “Marcelino García Barragán” y la estela con la cual se conmemoraron los 400 años del tornaviaje, autoridades mexicanas y de las Islas Filipinas, se realizó la ceremonia cívica para celebrar los 455 años de la expedición a las Filipinas, que estableció el tornaviaje y el inicio de un intercambio cultural y comercial que permitió a los pueblos de ambas naciones iniciar no solo una relación comercial, sino, una relación de amistad que perdura en nuestros días.

Fue Andrés de Urdaneta quien estableció la ruta náutica, a la que se le identificó como el “tornaviaje”, en 1565. Con ello se permitió a los barcos españoles cruzar el Pacífico ida y vuelta Manila y Acapulco, pero que tuvo su salida de la Bahía de La Navidad.

Esta ruta facilitó durante 250 años el tráfico de mercancías entre Asia, América y Europa, entre ellas la seda, porcelanas y manufacturas elaboradas en China; y trajo a nuestras regiones importantes aportaciones culturales, comerciales e incluso, ayudó a cambiar la panorámica de los valles al traer a México cultivos como el coco o el mango.

“Yo no me imagino al valle de Cihuatlán sin sus frondosas palmeras” comentó su alcalde Fernando Martínez Guerrero.

“Celebramos el 455 aniversario de la expedición México-Filipinas y disfrutamos de la historia y cultura de nuestro país hermano” subrayó Fernando Martínez Guerrero, alcalde de Cihuatlán, al presidir la ceremonia conmemorativa.

La Doctora Lilia Victoria Oliver Sánchez, rectora del Centro Universitario de la Costa Sur, de la Universidad de Guadalajara, oradora en este evento celebró la hermandad entre ambas naciones que inició hace 455 años “gracias a la hazaña de esos exploradores; que identificó el inicio de las rutas comerciales más importantes de aquella época y que se iniciaron aquí, en Barra de Navidad, un 21 de noviembre de 1564”.

Programa Académico del 455 Aniversario de la Expedición México–Filipinas y el II Foro de Estudios Sobre el Galeón de Manila en el Pacífico Mexicano estuvo organizado por el Gobierno de Cihuatlán, Jalisco, en coordinación con la Universidad de Guadalajara, La Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco A.C. la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco y la Red Temática de Estudios Multi y Transdisciplinarios del Galeón de Manila.

Por parte del Comité Filipino Americano para este evento se contó con la colaboración de Ben Menor, Ting Bouffard (FPACC), Yolanda Stern, Gloria Tanner, Rotary Club de Daly City y Colma Evening, Centro Cultural Filipino de San Francisco, Cámara de Comercio Filipina Americana de San Francisco y el Club de Leones Cosmopolitas de San Francisco.

En el presídium se contó con la presencia de Denisse Corona García,  Directora de Planeación, Desarrollo Sectorial y Vinculación de la Secretaría de Cultura y representante del Gobernador Enrique Alfaro, Fernando  Martínez Guerrero, presidente municipal de Cihuatlán, Octavio Palma Dorantes, comandante del Campo Militar de San Patricio Melaque, Miguel Ángel Hernández, representante del comandante de la Sexta Región Naval, de Manzanillo, Colima, Aarón González Gallardo, de Protección Civil Jalisco, Diego Islas, Encargado del Centro Táctico de la Policía Federal, Dra. Lilia Victoria Oliver, Rectora del Centro Universitario de la Costa Sur UdeG, Arturo Curiel Ballesteros, Presidente de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco AC, Martha Mejía, representante de Martín Camarena de Obeso, Consul Honorario de Filipinas en México, y Oscar Gutiérrez Melchor, Sub Delegado de la Secretaria de Vialidad.

 

El Tornaviaje

Fue hace más de cuatro siglos, cuando unos marinos españoles se hicieron a la mar y encontraron una ruta de navegación destinada a unir tres continentes de forma regular.

Aquella aventura náutica, conocida ahora con el sobrenombre de “tornaviaje”, surcaba el Pacífico de este a oeste desde Asia a América y después a Europa.

Fue, por encima de todo, una ruta comercial aunque en las bodegas de los galeones que hacían la travesía también viajaban los conocimientos y las culturas de mundos desconocidos, que hasta entonces muy poco sabían unos de otros.

Después de la llegada del explorador de origen portugués Fernando de Magallanes (1480-1521) a las Filipinas, en el mismo año en que murió, y de las sucesivas expediciones asiáticas, la corona de Castilla necesitaba de forma perentoria que sus barcos regresaran directamente desde Asia hasta las costas mexicanas del recientemente descubierto continente americano.

A mediados del siglo XV, Constantinopla pasó a formar parte del Imperio Otomano por lo que las rutas de la seda tradicionales, tanto la marítima como la terrestre, se habían vuelto extraordinariamente complicadas y costosas.

Por otra parte, el océano Índico y la travesía que bordeaba África permanecían bajo el dominio portugués, según el Tratado de Tordesillas, mientras los navegantes holandeses ponían rumbo a los mares de China.

Para Felipe II era vital establecer la ruta de vuelta, nunca antes explorada, desde las Filipinas hasta América cruzando todo el Pacífico en dirección este.

Durante más de cuatro décadas ningún marino logró atrapar los vientos y corrientes. No lo conseguirían hasta 1565, en que un miembro de la expedición de Legazpi, el navegante y monje agustino Andrés de Urdaneta, intentó una ruta diferente.

En la San Pedro, una nao de 30 m de eslora, Urdaneta zarpó de Cebú y, por el estrecho de San Bernardino, buscó el noreste. Aprovechó una corriente cálida, estrecha y rápida, desconocida para los marineros europeos, llamada Kuro-Shivo, y llegó hasta el paralelo 39º N. Desde esa coordenada, en el borde septentrional de Japón, zigzagueó hacia el este y salió a mar abierto.

 

El Galeón de Manila

De acuerdo a datos históricos, se establece que la nueva ruta marítima y comercial será conocida como el Galeón de Manila, y también como la Nao de China o el Galeón de Acapulco. Se mantendrá durante los siguientes 250 años y, aunque arriesgada y difícil, lo cierto es que fue relativamente segura.

Del poco más de un centenar de embarcaciones que hicieron la también llamada Carrera de Filipinas se hundieron una cuarta parte y solo cuatro fueron apresadas.

Y todo ello a pesar de que solían viajar en solitario y sin escolta. Los barcos españoles, especialmente los galeones, eran naves polivalentes capaces de llevar cargas de más de 1.000 toneladas sin contar con el contrabando, y con espacio suficiente para los cañones y la tropa con la que defenderse de flotas y piratas enemigos.

La mayoría de los buques que hicieron la ruta de Urdaneta fueron construidos en astilleros mexicanos del Pacífico, y sobre todo en las Filipinas, con duras maderas tropicales capaces de resistir a los cañones enemigos.

Con el tornaviaje, la Corona española obtiene acceso a las inmensas riquezas de Asia y, sobre todo, de China. Las naos y galeones españoles llevarán también a este continente una ingente cantidad de plata americana que ayudará a monetizar la economía china, cada vez más centrada en el comercio y las artesanías.

A la capital filipina llegan la seda, porcelanas y manufacturas como abanicos, biombos, cofres o marquetería elaborados en una China que ya en aquel momento funcionaba como “la fábrica del mundo”.

Manila también será el destino para las lacas de Japón, las especias como pimienta, clavo y canela de las Molucas y Borneo, el marfil de Camboya, las gemas y jade de Birmania y de la India, y hasta las alfombras de Persia llevadas por marinos portugueses y musulmanes.

La ciudad que lleva en su nombre al arbusto característico de las islas Filipinas, el nilad, se convierte a finales del siglo XVI en un ajetreado núcleo comercial y en el corazón de las rutas marítimas orientales.

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